El delicado equilibrio entre fluidez y esfuerzo

En cuestiones de relaciones de pareja, las cosas tienen que fluir. No tiene sentido meterse en una relación que sea una lucha de cada día entre dos personalidades enfrentadas. Pero fluidez no significa que todo vaya siempre rodando sobre la seda sin esfuerzo. No existe la pareja perfecta, y de vez en cuando hay que transigir y llegar a unos acuerdos que pueden suponer renunciar a algo.

¿Cómo reconocer una relación fluida?

Puede parecer extraño plantearse como se puede reconocer una relación en la cual las cosas van funcionando naturalmente, sin que ninguna de las dos partes se sienta obligada a hacer cosas en contra de su voluntad, pero como a veces asumimos que tener pareja implica renunciar a parte de nuestra libertad, no es una pregunta tan trivial.

Creo que la experiencia tiene mucho que ver con ello, y esa experiencia no tiene por qué proceder exclusivamente de relaciones de pareja. Las amistades también sirven para darte cuenta de cómo fluyen las cosas. Una buena forma de darse cuenta de si las cosas fluyen es hacer actividades en pareja, especialmente aquellas que duran en el tiempo, como por ejemplo irse de viaje unos días. Este tipo de experiencia es una prueba de fuego, ya que se nota enseguida si las dos personalidades encajan. Si una persona es muy exigente, o quejica, vaga, hiperactiva, estresada, o características similares, por mucho que la otra persona esté enamorada se tiene que dar cuenta.

Creo que todos hemos vivido este tipo de experiencias, con amigos o parejas. Unas veces, con determinadas personas, todo iba sobre ruedas, era muy fácil ponerse de acuerdo sobre cualquier decisión, sin sentirse presionado. Con otras personas, en cambio, cada decisión era una lucha, y hacía falta o discutir o aceptar situaciones incómodas. Esas situaciones dicen mucho.

No todo es un camino de rosas

Al igual que las personas que asumen que una relación de pareja es complicada siempre, existe otra equivocación muy habitual que es pensar lo contrario, que en una relación de pareja las cosas tienen que fluir siempre, y eso es imposible. Incluso si has tenido la suerte de conocer a una persona con quien conectas muy bien, tienes que tener en cuenta que la compatibilidad absoluta no existe, y también que las personas cambian. Mírate. No eres la misma persona hoy que ayer, y dependiendo de tu estado de ánimo, de tu salud, de tu cansancio, de tu experiencia, tu personalidad va cambiando a corto y a largo plazo. Como es imposible que ambas personas en la relación evolucionen siempre a la par, en algunos momentos pueden producirse tensiones, aunque sean quizás menores.

Es importante reconocer nuestras diferencias, hablar, dialogar, llegar a un acuerdo sano (que ambas partes acepten sin sentirse presionadas). A veces hay que aceptar renunciar a algo pequeño en cambio de seguir disfrutando de una buena relación de pareja. Eso sí, cuando las renuncias se hacen demasiado frecuentes, entonces hay que pensar más en profundidad el estatus de la pareja.

Un equilibrio delicado y siempre cambiante

Como decía antes, con el tiempo las personalidades evolucionan, y la relación tiene que evolucionar también. Si ambas personas crecen en la misma dirección, no hay problema. Si dialogan, pueden adaptarse y seguir disfrutando de una relación plena. Pero la fluidez no está garantizada, y tampoco lo son los desacuerdos. Cada persona aprende de la otra, y este conocimiento puede ayudar mucho en mejorar la relación.

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