¿Qué hacer si la otra persona no quiere una relación seria?

A muchas personas les habrá sucedido la siguiente situación: conocen a alguien, los primeros momentos son esperanzadores, hay conexión, interés mutuo, pero, de repente, la otra persona se aleja. A veces no da ninguna explicación, otras dice que no está lista para una relación, o directamente que no le interesa ninguna relación seria. Esa reacción puede ser una gran desilusión para la otra persona, y hoy vamos a ver lo que se puede hacer. No te voy a engañar, lo mejor es olvidar a esa persona.

¿Por qué algunas personas tienen miedo al compromiso?

El miedo a perder la libertad

La primera causa de rechazo al compromiso es, en apariencia,  un miedo a perder la independencia. Esas personas se imaginan una relación de pareja como una privación de su libertad. Piensan que ya no van a poder salir con sus amistades y que van a tener que pasar todo su tiempo libre con la pareja. Es una exageración, evidentemente, que olvida dos grandes cosas: por un lado las relaciones sanas cuidan el espacio personal de cada uno, y por el otro, cuando quieres a una persona, normalmente disfrutas el tiempo que pasas con ella, no lo ves como una condena de prisión.

Las causas profundas

Pero, en realidad, el miedo del que hablaba antes es más un síntoma que una causa. Para saber por qué ciertas personas temen tanto el compromiso, normalmente hay que ir a ver cuatro razones:

  • El impacto de la infancia. Por mucho que cada persona sea capaz de construir su propia personalidad a lo largo de los años, los eventos de la infancia y de la educación juegan un papel importante en nuestra forma de entender e interactuar con el mundo y con las personas. Una separación de los padres, un divorcio, pueden haber dejado un miedo al compromiso. El temor no es entonces el de quedarse encerrado en la relación, sino más bien que a la larga las cosas no salgan bien y fracase el proyecto de pareja.
  • Las relaciones previas. Muchas personas con miedo al compromiso han sufrido una separación que les ha afectado mucho. Se enamoraron, la historia no prosperó, y sufrieron una de esas situaciones en las que te parten el corazón. No quieren volver a exponerse al desamor, y por lo tanto no quieren entregarse en una relación.
  • El ritmo de la relación. Algunas personas no cargan un trauma del pasado, pero tienen una velocidad diferente para el amor. Si esa persona tiene interés, pero todavía no se ha enamorado del todo, si percibe que la otra está muy ilusionada, le dice “te quiero”, o hace planes de futuro, puede verse  agobiada y sentir la necesidad de frenar, o de salir de la relación.
  • La ausencia de amor. A veces es difícil aceptarlo, pero la otra persona quizás no esté enamorada, y solamente sienta algo de cariño y atracción sexual. Le gusta compartir tiempo juntos, y por supuesto el sexo, pero no busca nada más, simplemente porque no hay amor. Para la persona enamorada, es difícil darse cuenta, incluso si la otra es muy clara, porque el enamoramiento engaña, y convierte cualquier atención en una prueba de amor, cuando no hay amor.

¿Dosificar el amor?

En el caso de una persona que parece tener miedo al compromiso, la única sugerencia que haría yo es intentar dosificar un poco el amor. Es decir, no mostrar demasiado interés al principio de la relación. Eso con el objetivo de determinar si la otra persona simplemente tarda más en enamorarse, en cuyo caso es bueno no agobiarla. Pero, si es cualquiera de los otros casos, no servirá de nada intentar controlar las muestras de afecto, porque ninguno de los otros casos tiene solución. O, más bien, la solución a los otros casos no depende de ti.

Si no es para ti, no es para ti

No somos responsables de los traumas o falta de autoestima de los demás. Sí, cuesta mucho soltar a una persona que queremos, pero es lo mejor que se puede hacer cuando nos damos cuenta de que no quiere una relación. Allí, de nuevo tenemos que intentar salir de las trampas de nuestros propios sentimientos. Si sentimos amor, tendremos esperanza de que la postura de la persona cambie, que supere su miedo, que se enamore, etc. Pero esa esperanza es casi siempre una mentira, un autoengaño.

En las relaciones, las cosas tienen que fluir. Si tenemos que pretender que una persona no nos gusta tanto solamente para no asustarla, si tenemos que estar esperando pacientemente a que cambie para que se comprometa, no merece la pena. Al final, si la relación empieza de esa manera, en la inmensa mayoría de los casos no irá a mejor. Compensa mucho más aceptar que nuestro corazón se ha equivocado, lamerse las heridas y esperar a tener más suerte la próxima vez.

Para algo tiene que servir la experiencia. Si ya has vivido alguna situación con falta de compromiso por parte de la otra persona, quizás puedas identificar en el futuro a quienes tienen miedo a las relaciones. Si te das cuenta a tiempo, antes de involucrarte mucho emocionalmente, puedes evitarte malas sorpresas.

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