Pasar página cuando eres la persona que dejan en una relación

La propia experiencia personal, y sobre todo la observación de la situación de personas cercanas, permiten aprender a gestionar mejor las rupturas y a entender algunas de las trampas emocionales de nuestra mente. Vamos a ver algunos consejos para pasar página, cuando eres la persona que han dejado, la parte que normalmente tarda más en seguir adelante con su vida.

La desigualdad en las rupturas

A veces separarse es muy fácil, porque ambas partes se han ido distanciando, y ninguna tiene un vínculo emocional demasiado fuerte. Pero, hay que admitir que no es el caso más habitual. En general, en el momento de la separación tenemos a dos personas en desigualdad de condiciones.

  • Una de las partes ha madurado la decisión. Lleva tiempo reflexionando. Ha analizado sus sentimientos, ha sopesado los pros y los contras, y ha llegado a la conclusión que era el momento de terminar la relación. A veces, esa persona ya está involucrada en otro romance, a veces no. Tomar la decisión y aceptar las consecuencias no es fácil para esa parte, porque siente afección, cariño, o incluso amor por la otra persona (no siempre que hay amor funciona una relación), pero ha tenido tiempo de prepararse, y la decisión tomada se ajusta con lo que quiere.
  • Del otro lado, hay una persona que no quiere que la relación termine, que a veces no ha querido ver las señales que anunciaban el fin de la pareja, y otras directamente no podía haberlo imaginado porque la otra parte no le ha dado ningún aviso. Sucede algo que no quiere, y además no ha tenido tiempo de prepararse. Y por si fuera poco, recibe un golpe a su autoestima. En efecto, es difícil no tomarse como personal una ruptura, que se interpreta a menudo como un desprecio.

Esa desigualdad provoca que una persona pueda pasar página relativamente rápido, mientras la otra puede tener más problemas en aceptar y seguir adelante.

Las trampas emocionales

  • El autoengaño es probablemente la trampa emocional que he visto más veces en mi entorno próximo en el caso de ruptura, y no voy a negar haber podido ser su víctima también ocasionalmente. En lugar de aceptar que la separación tiene unas consecuencias duras, el autoengaño minimiza el impacto de la situación. Pero va más allá. Suele provocar una contradicción flagrante que los afectados no ven (cegados por sus emociones), pero que los amigos y personas cercanas pueden detectar fácilmente. Se trata de una secuencia de eventos parecidos a estos:
  1. Ya tengo totalmente aceptado que X y yo ya no estamos juntos.
  2. Hemos tenido buenos momentos, sería una pena perderse de vista.
  3. Voy a buscar la compañía de X, pero solo desde la amistad.
  4. X me rechaza, dice que es mejor no vernos.
  5. Me siento fatal porque X me ha rechazado, pero no porque tenga sentimientos hasta X, sino que por todos los momentos que hemos vivido, me parece ruin de su parte no querer una mera relación de amistad.
  6. Bueno, me da igual, lo he superado. Voy a ir a ese evento donde estará también X. No me importa.
  7. ¡Qué falta de respeto! ¿Cómo X pudo asistir a esa fiesta con su nueva pareja? Parece que busca hacerme daño a propósito.
  8. Me da igual, lo he superado. Voy a proponerle a X este plan porque al fin y al cabo somos amigos y sería una pena perder el contacto….

Muchas personas caen en esa trampa. Se quieren convencer de que la otra persona ya no les afecta, pero en realidad en el mejor de los casos, pecan de optimistas, en el peor, solamente buscan excusas para ver a la persona amada.

  • Encerrarse es otra de las trampas más habituales. En lugar de seguir adelante, la persona que ha sido dejada se queda atormentada, pensando en lo mal que le está yendo en su vida, y recordando buenos y malos momentos con la ex pareja. Que no se me malinterprete, creo que un periodo de reflexión y duelo es importante para pasar página. Solo estoy hablando de casos excesivos, en los cuales las personas se encierran en su dolor y se niegan a avanzar. En esos casos, parece que seguir mal es una forma de no aceptar que se acabe la relación, al no cerrar completamente el capítulo.

 

  • La huida hacia adelante es el error opuesto. Consiste en aplicar la famosa frase de “un clavo saca a otro clavo” e ir buscando consuelo en los brazos de otras personas. El riesgo de este comportamiento es que no se cierre realmente la herida emocional, que solamente se quede sepultada bajo las nuevas sensaciones de las nuevas relaciones. Otro inconveniente es que llevar traumas sin resolver consigo suele ser un motivo de fracaso para las futuras parejas. Aparecen celos, el miedo al compromiso, o simplemente una tendencia a hablar de la pareja anterior con una frecuencia totalmente desproporcionada.

¿Cómo pasar página?

  • Aceptar la distancia. Alejarse de la ex pareja es lo más sano. Es duro, porque obliga a pasar por una fase de “mono” emocional, pero también ayuda a aceptar que las cosas han terminado. Es cierto que muchas personas no se pueden permitir el lujo de no ver a sus antiguas parejas, por ejemplo en el caso de divorcios con hijos, pero  aun así se puede mantener una distancia saludable, minimizando el contacto.
  • Tomarse el tiempo de la reflexión. El tiempo ayuda a darse cuenta de que la relación anterior no era tan maravillosa como creíamos. Una vez pasado el primer golpe, poco a poco va apareciendo la otra persona en su realidad, con sus cualidades y sus defectos, que a veces el amor podía magnificar o minimizar, respectivamente. Los límites de la relación se hacen más claros, y la responsabilidad de cada uno en el resultado final también.
  • Ocuparse con pasatiempos agradables. Las rupturas son el momento ideal para centrarse en las cosas que realmente se aprecian. Las aficiones, los viajes, el deporte, o cualquier tipo de actividad placentera pueden ser una gran forma de evitar estar pensando todo el rato en la ruptura, a la vez que se reafirma la personalidad a través del disfrute y se conocen a nuevas personas.
  • Hablar. Los amigos pueden aportar un punto de vista diferente sobre lo ocurrido, y ayudarnos a pasar página. Unas conversaciones con un psicólogo pueden dar unas herramientas para entender mejor lo que ocurre y poder seguir adelante resolviendo el trauma de la ruptura.

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