La gestión del coronavirus: ¿Precaución o paranoia?

coronavirus paranoiaEn el momento en que escribo este artículo, 28.000 casos del nuevo coronavirus han sido confirmado en el mundo, con cerca de 600 muertes. Y las cifras aumentarán en las próximas semanas. El gobierno chino a tomado medidas drásticas para controlar el contagio, y el resto de países del mundo no se han quedado atrás. Si esas medidas de precaución son razonables, es innegable que existe una fuerte paranoia, en buena parte difundida por el goteo de información de los medios.

Las medidas de precaución son necesarias

Me parece muy lógico que cuando aparece un nuevo virus, que su mortalidad es superior a la normal y que no se conocen muy bien sus consecuencias, se apliquen medidas de precaución. La cuarentena masiva impuesta por el gobierno chino a los ciudadanos de Wuhan y otras ciudades cercanas puede parecer una medida excesiva, pero, frente a un nuevo virus, era probablemente la mejor elección.

Igualmente, tiene mucho sentido que los demás países procuren evitar que el coronavirus se extienda en sus respectivos territorios, y por lo tanto que tomen medidas de control a los viajeros de las zonas afectadas.

Un virus más mortífero que otros

Las estadísticas, que van cambiando cada día en función de la evolución de la epidemia, parecen indicar que el coronavirus tiene una tasa de mortalidad del 2%. Es una cifra bastante elevada, comparable a la gripe española de 1918. La diferencia siendo que hace un siglo las condiciones sanitarias eran peores, así que se podría argumentar que el coronavirus es más peligroso.

Si lo comparamos con la gripe estacional, cuya mortalidad suele rondar el 0,3% estamos hablando de una enfermedad que podría ser unas 7 veces más mortal. De nuevo, hay que tomar esos datos con prudencia. Primero porque no se sabe muy bien la mortalidad del coronavirus. Y, en segundo lugar, porque la gripe estacional varía mucho de un año para otro, con epidemias que pueden ser muy leves o muy graves según las cepas y las mutaciones.

Tanto en el caso del coronavirus como de la gripe, las victimas mortales suelen ser personas mayores o con enfermedades respiratorias previas.

Se contagia más rápido la paranoia que el virus

Lo que llama mucho la atención en todos esos brotes, como en los recientes casos de la gripe A, de la gripe aviar o del Ébola, es una cobertura mediática muy intensa. Los medios proporcionan un goteo de datos, insistiendo cada día sobre los nuevos casos y el número de personas que han muerto en las últimas 24h.

Como el público no dispone de datos comparativos, se produce una sensación de emergencia, de peligro, que rápidamente infunde más miedo entre la población que lo que supone el riesgo real en este momento.

En España, hay al menos dos casos similares de publicación de muertes por goteo diario:

  • Las víctimas de accidentes de tráfico. Sobre todo en épocas de grandes movimientos en las carreteras, los informativos suelen informar del número de muertes. Tiene un efecto disuasorio, pero creo que llevan tantos años haciéndolo que el público ya no presta tanta atención.
  • Las mujeres asesinadas por sus parejas (o exparejas). Ese dato es muy específico de España, y de hecho lleva a muchas personas extranjeras a pensar que hay muchos más casos en este país que en Francia o Alemania, cuando ocurre todo lo contrario. La diferencia es que, en otros países, no se comunican estadísticas.

¿Qué pasaría si hiciéramos lo mismo con la gripe estacional?

Según datos de la OMS, la gripe estacional mata anualmente entre 290.000 y 650.000 personas en todo el mundo. En España, gracias a un clima que no es muy propicio y probablemente también a la vacunación, se estima que mueren “solo” 5.000 personas al año. Pero en Francia (10.000) o en Alemania (20.000) la cifra de muertos es muy superior, incluso si se toma en cuenta la diferencia de población.

Es más, hace unos días, estaba leyendo un artículo sobre el coronavirus de un medio americano, que explicaba que, hasta la fecha, la gripe estacional ya había matado a 8.500 estadounidenses, solo este invierno.

¿Te imaginas que cada día en los informativos se dijera el número de muertes por gripe estacional en España?

“Hoy han muerto otras 10 personas por la gripe. El gobierno recomienda extremar las precauciones porque se estima que este número puede subir hasta las 30 personas diarias en el pico de la epidemia. Mientras tanto, ayer murieron 127 personas en Francia y 195 en Alemania. En el mundo, el balance provisional para este año es de 45.000 muertos, y solo estamos al principio”.

Esas cifras diarias son inventadas, por supuesto, pero coinciden con las estadísticas de muertes anuales que conocemos. Si se hiciera un seguimiento diario, o más bien si se publicase, se parecería a algo así, y sin duda daría miedo.

Pero la gripe no es la única enfermedad mortal. Y, más allá de enfermedades, hay muchos factores que provocan muertes. El cáncer mata en España a más de 110.000 personas al año, 300 al día, por poner un ejemplo. Podríamos escoger cualquier causa  y anunciar cada día las víctimas. El miedo infundido sería notable.

Hay que ser conscientes de que los medios, los poderes públicos, y a veces la sociedad eligen sus batallas y ponen el foco en un peligro u otro. Pero hay muchos más riesgos, a menudo más importantes en términos de mortalidad. Simplemente se habla menos de ellos. O ni se mencionan.

Tampoco quiero echar toda la culpa a los medios. El público también es responsable. Seguramente existe alguna atracción inconsciente a la temática del virus mortal que puede potencialmente destruirnos. De allí la curiosidad hacia este tipo de información.

¿Qué podemos hacer?

En ningún momento quiero menospreciar el peligro que representa el coronavirus o cualquier virus. Pero una cosa es ser prudentes, y otra es tener miedo.

Creo que este tipo de brote es una buena oportunidad para tomar medidas para evitar la transmisión de cualquier tipo de virus. El impacto de la gripe, de las gastroenteritis y otros virus que pululan en invierno no solo se tiene que medir en términos de enfermos y muertes. También tienen impactos importantes en la productividad y el buen funcionamiento de la sociedad en su conjunto.

Podríamos lavarnos las manos con mayor frecuencia. Aprender a toser minimizando el riesgo de contagio. Quedarnos en casa si estamos enfermos para no contagiar a compañeros de trabajo o de estudio. Y por supuesto, usar la vacuna cuando es posible. Todas esas pequeñas medidas podrían reducir drásticamente el número de enfermos cada año.

En otras palabras, en lugar de quedarnos con miedo mirando estadísticas de un nuevo virus que no entendemos muy bien, podríamos tomar acción y hacer cosas para evitar los contagios cada año.

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