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El improbable equilibrio del interés recíproco

Encontrar una pareja adecuada no es fácil, especialmente después de cierta edad. Una de las maneras de resumir la búsqueda es con una simplificación basada en la metáfora del balancín. El éxito se consigue cuando ambas personas llegan a un equilibrio, manteniendo el balancín horizontal. Pero no equiparando sus pesos, sino su nivel de interés recíproco.

La situación de partida

Cuando dos personas se conocen por primera vez, en unas pocas ocasiones surge un interés mutuo, que a esa altura se podría llamar más acertadamente curiosidad.

Nuestros dos sujetos del experimento del amor se sienten en cada lado del balancín, y en los primeros momentos, parece que la cosa está equilibrada. Al menos hasta que se profundiza en la conversación y el conocimiento mutuo.

Verás, en este momento, esa curiosidad, ese interés no se basa realmente en lo que se conoce de la otra persona, sino en lo que se intuye, y en expectativas. Vemos indicios que nos gustan, tanto al nivel físico como de intereses expresados. Y quizás también hayamos visto otras cosas que no nos hayan gustado tanto, pero de momento las descartamos, focalizando la observación en los elementos positivos.

Ese optimismo inicial es el que, para mí, determina el equilibrio de intereses al principio. Pero, como puedes imaginar, con tantas expectativas en juego, la situación puede cambiar.

A veces el interés recíproco es bajo de ambos lados. Hay pocas expectativas, pero impera el ¿por qué no? Algo especialmente cierto con personas que ya tienen mucha experiencia en dating. Otras veces las expectativas son iguales de altas en ambos lados del balancín.

El interés evoluciona y el balancín toca suelo

En la mayoría de los casos, ese equilibrio inicial no se mantiene durante mucho tiempo.

A veces hace falta solo una conversación de una hora para que salgan a la luz elementos que hagan desaparecer el interés por uno de los lados. O incluso, puede que desaparezca por ambas partes, en cuyo caso las personas se bajan del balancín de común acuerdo.

Otras veces, hace falta más tiempo para que se produzca el desajuste. Y puede producirse de varias maneras.

Puede que una de las personas simplemente pierda el interés mientras la otra lo mantiene igual.

Pero también puede que el interés de una crezca mucho más rápido que el de la otra. Ya sabes, que es cuando te emocionas y empiezas a sentir cosas especiales, pero enfrente van a otra velocidad, o viceversa. En algunos casos el desajuste no dura demasiado, y el balancín se vuelve a equilibrar. Pero en otros muchos, la diferencia se hace insalvable. Mientras una persona se emociona, la otra se agobia y prefiere parar.

Una vez tú, otra vez yo

Hay quien resume la experiencia de encontrar pareja así: “Es el proceso de alternar situaciones en las que te gusta la otra persona, pero tú a ella no, con situaciones en la que tú le gustas, pero ella a ti no tanto, hasta que un día casualmente encuentras a alguien y os gustáis mutuamente”.

Quien elija subirse al balancín lo sabe. La probabilidad de que se mantenga horizontal es muy baja.

A veces tocas el suelo, en otras oportunidades subes a lo más alto. Salvo que tengas un perfil muy enamoradizo o muy estricto, normalmente alternarás las situaciones.

Se repiten esas situaciones hasta el punto de que, a veces, parece imposible equilibrar el balancín por mucho tiempo.

El improbable, pero no imposible, equilibrio del interés recíproco

Un día, cuando ya parece que nunca se estabilizará el balancín, vuelves a subir con una nueva persona. No tienes muchas expectativas, y ya estás pensando en qué hará que se desequilibre la situación.

Pero enfrente tienes una persona como tú. Tampoco se espera mucho. Ambos os ponéis a hablar, y sorprendentemente, no sale ninguna señal de alarma de ninguno de los dos lados.

Decidís volver a quedar. Organizáis planes juntos. Os vais conociendo, y el interés va creciendo poco a poco desde ambos lados. El balancín se mueve ligeramente, pero se mantiene estable.

Pasan las semanas y los meses y finalmente os dais cuenta de que ambos tenéis un interés alto, que ya no está basado en suposiciones y expectativas, sino en el conocimiento de vuestras personalidades.

Habéis logrado el tan difícil equilibrio. Ahora empieza una historia que será todo lo bonita que queráis, siempre que mantengáis el respeto y la comunicación honesta.

 

¿Y tú? ¿Te has subido al balancín alguna vez? ¿Lograste equilibrarlo? No lo dudes y cuenta tu experiencia en la sección de comentarios.

Categorías: Pareja