¿Vivir juntos o seguir en pareja cada uno en su casa?

Cuando una relación de pareja se consolida, un paso muy habitual es decidir irse a vivir juntos. ¿Cómo saber si estáis listos para empezar a convivir? ¿Se puede tener una pareja exitosa sin vivir juntos? Vamos a analizar esa problemática, y dar unas pistas para reconocer si ha llegado el momento de iniciar la aventura en común bajo el mismo techo.

Algunas señales que muestran que vuestra relación es madura y podéis dar el paso

  1. Lleváis juntos mucho tiempo. No es recomendable irse a vivir con la pareja al principio de la relación, por una razón psicológica simple: al inicio de la relación, estáis en la fase del enamoramiento, este estado de locura leve que os desconecta de la realidad. Todo parece maravilloso, pero buena parte de esa sensación está basada en la química del cerebro. El amor es como un río: impetuoso en su nacimiento, y más tranquilo cuando va progresando hacia la llanura. Mejor esperar a pasar los rápidos y decidirse cuando el caudal sea más imponente, pero más lento. No hay una norma escrita, pero esperarse al menos un año no es mala idea.
  2. Las cosas van bien. Suena obvio, pero a veces las parejas toman decisiones muy extrañas para solucionar sus problemas. Si os estáis peleando o distanciando, vivir juntos no os va a acercar. La convivencia es un reto, implica renunciar a parte del espacio, y adaptarse al otro (al mismo tiempo que el otro hace lo propio). Vivir juntos complica la relación, y solamente las más sólidas lo superan. Dicho así parece algo negativo, pero al contrario. La convivencia permite conocerse más y hacer evolucionar el amor.
  3. Sois conscientes de las dificultades de convivir y estáis dispuestos a superarlas. No hay que subestimar el impacto que pueden tener cosas tan triviales como bajar la basura, limpiar o no dejar desorden por todas partes. Al principio las diferencias se toleran, pero con el tiempo hay que encontrar soluciones para un reparto equitativo de las tareas, o contratar personal para la limpieza. Otro elemento crucial es el ritmo de vida. Si uno madruga y el otro se acuesta tarde, no es imposible tener una relación, pero hay que aceptar las diferencias del otro, y respetar su sueño, con todo lo que implica.
  4. Tenéis vuestro propio espacio, más allá de la casa. Hace tiempo hablé de la importancia del espacio personal en la relación. Si pasas todo tu tiempo con tu pareja y el único espacio libre que tienes es tu casa, entonces te arriesgas a no tener ningún espacio cuando empecéis a vivir juntos. Es recomendable que cada uno tenga algunas actividades por su cuenta.
  5. No os asusta la rutina. Muchas personas temen esa palabra, pero la verdad es que la rutina es inevitable, al menos hasta cierto punto. Si quieres tener una relación a largo plazo, no pienses que cada día va a ser completamente diferente del anterior, que haréis miles de planes y nunca caeréis en la rutina, porque no es cierto. La rutina llega, y no siempre es algo malo. Hacer noches de series o pelis con la pareja no tiene por qué ser aburrido. Pero claro, tampoco hay que dejarse llevar y olvidarse de sorprender e innovar. Hay un término medio.
  6. El dinero no tiene nada que ver en la decisión. Es cierto que vivir en pareja sale mucho más barato: un solo alquiler (o una sola hipoteca), un solo recibo de luz, agua e internet, comes más a menudo en casa que cuando estás soltero, y al final eso se nota mucho en el presupuesto. Pero es un motivo malísimo para decidir irse a vivir juntos. Que sea un beneficio colateral, nunca una razón para mudarse juntos.
  7. Ya vivís prácticamente juntos. Tienes tu cepillo de dientes en su casa. Un pijama que no es tuyo está en tu armario. Pasáis juntos varias noches cada semana. Los pequeños defectos y las pequeñas manías de la otra persona ya no son un secreto. De allí a vivir juntos hay un paso grande. No es lo mismo quedar, arreglarse y verse 3 veces a la semana y despertar juntos cada día, en la salud y en la enfermedad, en los días buenos y en los malos. Pero es un primer paso que sirve de prueba para conocerse mejor.
  8. Os vais a un sitio neutral. Realmente, en mi opinión eso no es tan importante, pero depende mucho de las personas. La ventaja de mudarse a la vez a un nuevo sitio elegido por los dos es que se evitan las reacciones posesivas que podrían ocurrir si uno se muda a la casa del otro. En efecto, en algunas relaciones, la persona que “acoge” a la otra tiene cierta dificultad a darse cuenta que su casa ya no es su casa, sino de los dos, y que tiene que actuar como tal. Por eso digo que depende mucho de la persona. Para algunos, no existe este sentimiento de propiedad, para otros es intenso y problemático.

 ¿Se puede tener una relación de pareja plena sin vivir juntos?

Aunque lo habitual sea que dos personas enamoradas que están en pareja acaben conviviendo, no tiene por qué ser una norma. Está claro, que si el objetivo es fundar una familia y tener hijos, vivir bajo el mismo techo facilita bastante las cosas. También la experiencia de convivir con una pareja es enriquecedora para cualquier persona.

Sin embargo, algunas relaciones pueden funcionar muy bien manteniendo dos casas separadas. Algunas personas necesitan su propio espacio más que otras. Y si dos de esas personas se encuentran y se enamoran, probablemente no mudarse juntos es la mejor decisión que pueden tener. La gran ventaja de este tipo de relación es que se mantienen a raya la rutina y los pequeños detalles del día a día.

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