¿Qué grado de autoexigencia necesitas para ser feliz?

autoexigenciaLa autoexigencia es un tema muy interesante. Porque, si no te esfuerzas, es muy difícil que logres las metas que te harán feliz. Pero, por otra parte, si caes en un exceso de perfeccionismo, es posible que llegues a no estar nunca satisfecho por los resultados que hayas alcanzado. ¿Qué nivel de autoexigencia necesitas en tu vida?

¿Somos demasiados autoexigentes o demasiados perezosos?

Lo cierto es que no es una pregunta fácil de responder. No solo es que hay personas más susceptibles de caer en un extremo u otro. También somos capaces de pasar de la pereza a la exigencia, y viceversa.

Imagina que has estado procrastinando. Poco a poco, empiezas a sentir una culpa de no haber hecho lo que te proponías. Si al principio estabas feliz sin hacer nada, este sentimiento de culpa lo cambia todo. Llegado a un punto, puede que te motives y que pongas todo tu esfuerzo en la tarea que querías realizar.

Pero, si te estás exigiendo mucho, también es lógico que tras cierto tiempo te canses. De nuevo, la pereza llamará a tu puerta. Te argumentará que ya has logrado mucho, y que te mereces un descanso. Pero esa pausa, nuevamente puede alargarse, provocando otro ciclo de culpa – acción – exigencia – cansancio – pereza – culpa.

Claro que es un ejemplo simplificado y un poco extremo, pero creo que este tipo de cambios de comportamiento le ocurre a mucha gente. Y perjudican tu felicidad.

La pereza como enemiga de tu bienestar

Se escucha mucho últimamente el argumento de buscar la felicidad en las pequeñas cosas. De no estar persiguiendo metas inalcanzables. De disfrutar de lo que se tiene. Y, personalmente, me parece un gran planteamiento, pero a veces se interpreta mal.

Satisfacerse con poco no es lo mismo que conformarse y dejarse llevarse por la corriente. Toda esa filosofía tiene más que ver con procurar cultivar más tu mente y depender menos de elementos materiales. No implica abandonar tu responsabilidad sobre tu vida.

En eso consiste la pereza. En renunciar a lo que realmente quieres para no tener que esforzarte. El problema no es el descanso o no hacer nada. El problema es cuando sabes que esa inacción no te aporta nada.

Cuando disfrutas de un descanso, lo vives bien, porque es algo que has decidido. Cuando caes en la pereza y acciones improductivas u automáticas, te sientes culpable, porque sabes que no te aporta nada. Por eso la pereza es enemiga del bienestar. Esa culpa no te permite disfrutar de la inacción.

No se puede no hacer nada

Pero la culpa no es la única razón de la infelicidad provocada por la pereza. Vivimos en un mundo en el qué hace falta trabajar para alcanzar algunos objetivos financieros básicos para una vida digna.

Si te conformas y no te esfuerzas, es más probable que tu fuente de ingresos sea más bien baja. Y, si eso ocurre, limitará también tu tranquilidad económica.

Quiero destacar que se puede trabajar muy duro y cobrar poco. El mundo no es siempre justo. Pero la pereza aumenta mucho tus probabilidades de tener bajos ingresos.

Y ya que hablo del trabajo, parece que, muchas veces, sirve de excusa para no desarrollar nuestro potencial. Como estamos muchas horas trabajando, estamos cansados, lo que justifica que no hagamos nada más.

La pereza tiene muchas caras. También es pereza cuando no te planteas cambiar de trabajo si no estás feliz. O cuando hay problemas en tu relación de pareja y no quieres enfrentarlos. O no aprender esa habilidad nueva que quisieras aprender. Sobren los ejemplos.

Los peligros de la autoexigencia

Es bueno ser exigente, porque es una de las formas de actuar contra la pereza y de lograr lo que quieres. Si no te conformas con lo primero que ves, es mucho más probable que consigas algo mejor, que te guste más y te haga más feliz.

Pero, ¿Qué pasa si nunca estás contento con lo que logras? Puede ser complicado saber cuando tienes que darte por satisfecho con lo que has logrado y cuando merece la pena seguir luchando.

Seguro que has conocido personas que nunca tienen suficiente dinero. Se obsesionan con ahorrar o con ganar más. O esas otras que no encuentran a una pareja porque todas las personas que conocen tienen alguna pega. Puede pasar en muchos aspectos diferentes de la vida. Incluso, una persona puede tener autoexigencia en un área y en otras partes de la vida no complicarse mucho. Somos personas complejas.

¿Cómo saber si tienes la autoexigencia razonable para tu vida?

Hay un truco sencillo, pero, como muchas veces, aplicarlo no lo es tanto.

Basta con que planifiques y concretes tus objetivos. Así, cuando los logres, podrás disfrutarlos. Y solo podrás comprobar que los has cumplido si tienes referencias muy concretas.

¿Quieres ejemplos?

Digamos que quieres tener unos ahorros para tener tranquilidad económica. Si te quedas en eso, no sabrás si dejar de ahorrar cuando tengas 50.000€ o 500.000€. Tienes que establecer una referencia concreta desde el principio.

Digamos que quieres aprender chino. ¿Qué nivel quieres alcanzar? ¿En qué plazo de tiempo?

Planificar no es la única forma de evitar que tu autoexigencia se descontrole. También es recomendable que evites compararte demasiado con los demás. Busca lo que te hace feliz a ti, y lucha por conseguirlo. Siempre habrá alguien con una mejor situación que la tuya, así que compararse demasiado puede llevar a exigirse demasiado y no disfrutar tus logros.

Ejemplos de pereza improductiva

Ahora, para terminar, quiero que pienses en sí has caído alguna vez en el tipo de pereza improductiva contra la cual un poco de autoexigencia es muy útil.

  • Quedarte mirando Internet en el móvil o el ordenador, viendo muchos contenidos en redes sociales o similares sin realmente sacar algo de provecho.
  • Tomarte la enésima cerveza con la misma gente de todos los días, para hablar de las mismas cosas intrascendentes.
  • Ver lo que te recomienda Netflix pese a que ya sabes que no te va a gustar demasiado la serie o la película. O hacer zapping en la tele de siempre y acabar viendo cualquier cosa.

Si quieres más ejemplos de actividades que hacer perder tiempo, aquí tienes un artículo que habla de algunas de ellas.

 

No se trata de ser productivo siempre. Pero sí de usar el tiempo de una forma más consciente y responsable.

¡Compartir es vivir!

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