El ayuno intermitente: una incógnita en curso de investigación

ayuno intermitenteCualquiera que se interese un mínimo por el tema de la alimentación y del control del peso habrá alguna vez topado con el concepto del ayuno intermitente. Una práctica que pretende reactivar algunos mecanismos ancestrales en nuestros organismos, y cuyos beneficios potenciales irían desde la pérdida de peso hasta la reducción del riesgo de padecer algunas enfermedades graves. Incluso podría ser la clave para envejecer más lento y vivir más años. Pero, desde el punto de vista de la evidencia científica, parece que hay que seguir teniendo mucha prudencia, porque no hay resultados realmente claros.

¿Qué es el ayuno intermitente?

Se trata de un concepto bastante auto explicativo. Consiste alternar periodos con nutrición normal y periodos de ayuno, o al menos de ingesta muy reducida. Hay muchos métodos, algunos incluyen un par de días de ayuno a la semana, mientras otros apuestan por ayunar cada 12 horas, coincidiendo principalmente con el sueño y algo más que eso.

Una vuelta a los orígenes

Nuestros antepasados no comían todos los días. Al menos no aquellos que vivían de la caza y de la recogida de alimentos. Y resulta que nuestro organismo tiene un mecanismo adaptado al ayuno. Concretamente, cuando pasamos muchas horas sin comer, nuestro organismo usa otros mecanismos para proporcionarnos energía. Concretamente, utiliza los ácidos grasos procedentes del tejido adiposo y la producción de los cuerpos cetónicos, en sustitución del recurrir al glucógeno hepático. Pero hace falta que pasen unas 8 o 12 horas de ayuno para que eso suceda.

¿Una estrategia para adelgazar y evitar enfermedades?

De lo anterior se pueden entender los beneficios esperados del uso del ayuno intermitente. Si alternamos periodos largos de ayuno con otros de alimentación normal, facilitamos en principio que se vayan gastando las reservas de grasa, permitiendo adelgazar y reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes, e incluso más enfermedades graves.

Eso es, al menos, la teoría (simplificada).

¿Qué dice la ciencia sobre el ayuno intermitente?

Antes de escribir este artículo he consultado diversas fuentes. Algunas eran relativamente optimistas, como este post del doctor Alberto Esteban Fernández, pero la mayoría eran más prudentes, como este artículo de la doctora en alimentación y nutrición Montse Rabassa, y ese otro de Idoia Labayen, doctora en Ciencias Biológicas, publicado en El País.

¿Por qué esa prudencia? Simplemente porque, a día de hoy, no hay evidencia realmente contrastada de que el ayuno intermitente tenga los beneficios que se le presta. Algunos estudios son prometedores, pero tienen o muestras muy pequeñas, o limitaciones de metodología que les impiden ser unas referencias científicas claras.

De todos modos, como es un tema muy de moda, se están llevando a cabo muchos estudios, y seguro que en los próximos años vamos a empezar a poder valorar los eventuales beneficios del ayuno intermitente.

¿Años? Sí. Es lo que hace falta para poder valorar los efectos a largo plazo de una metodología como esa, para poder valorar sus efectos en las personas con sobrepeso y obesidad, o la incidencia de enfermedades, entre otros.

Los ratones y el proceso científico

Eso me lleva a hablar de uno de los datos más interesantes respecto al ayuno intermitente. Resulta que hay estudios de laboratorio que demuestran que los ratones con ayuno intermitente envejecen más lento y viven más años que los que comen cada día.

Pero desde los ratones hasta los humanos hay un trecho muy grande. Está claro que ver que unos ratones puedan vivir un 30% más, solo porque ayunan, enseguida nos hace soñar con llegar a los 110 años con la misma facilidad que la gente ahora vive hasta los 80 o 90 años. Pero el proceso científico no funciona así. Los ratones y los humanos son muy diferentes en muchos aspectos.

Quizás ayunes sin darte cuenta

Uno de los beneficios que se argumenta con el método del ayuno intermitente, al menos en su versión de 12 horas de ayuno cada día, es que nos acercaría a vivir de una manera natural, respetando el ritmo circadiano. Ya sabes, el ritmo vinculado al día natural y al ciclo de la luz.

De hecho, es posible que estés haciendo ayuno intermitente sin darte cuenta. Si cenas temprano, digamos a las 20h de la noche, y luego no vuelves a comer hasta el desayuno a las 8 de la mañana, cada día ayunas tus 12 horas.

Pero hay que reconocer que es bastante complicado de llevar con una vida activa. Cenar temprano, todavía. No es que vayamos a cenar fuera todas las noches. Pero desayunar tarde es algo casi imposible para muchas personas que necesitan comer antes de ir a trabajar.

Una práctica no recomendada hasta que no haya más pruebas

Ya sabes lo que pasa con esas cosas. Antes de tener la confirmación científica de que puede ser beneficioso para la salud, mucha gente ya lo decide por su cuenta. Y no es sorprendente, porque muchas cosas sin evidencia científica demostrada, como la homeopatía, tienen un gran éxito comercial. Últimamente cala mucho el mensaje de “lo natural el bueno”, como si antes nuestros antepasados no se muriesen por comer comida averiada o por un simple corte que se infectaba.

Así que, paciencia. Ojalá el ayuno intermitente resulte ser una técnica muy positiva para bajar de peso y evitar algunas enfermedades. Pero, hasta ahora no se sabe, así que el consenso es evitarlo.

Hay algunos riesgos claros, como los desfallecimientos para los deportistas, en la línea de la moda de correr en ayunas.

 

¿Qué opinas sobre el ayuno intermitente? ¿Lo prácticas? ¿Te ha ido bien? Que a alguien le funcione no es una prueba científica, pero es interesante debatir igualmente.

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